Pierre Anthon deja el colegio el que descubre que la vida no tiene sentido. Se sube a un ciruelo y declama a gritos las razones por las que nada importa. Tanto desmoraliza a sus compañeros, que deciden reunir objetos esenciales con el fin de demostrarle que hay cosas que dan sentido a quienes somos. En su reto arriesgarán parte de sí mismos y descubrirán que sólo al perder algo se aprecia su valor. Pero entonces puede ser demasiado tarde.
Esta novela pasó de no ser aceptada en ninguna editorial a prohibirse en las escuelas cuando un editor se atrevió con ella y posteriormente a ser lectura recomendada en los institutos noruegos. ¿qué provoca tal vaivén? Eso fue lo que me impulso a leerlo, para conocer el porqué de este viaje tan convulso y encontré un gran texto, con grandes preguntas, aquellas que sólo pueden formularse los niños por su nivel de inocencia, por no tener todavía demasiadas barreras y compromisos sociales que obstaculicen su raciocinio.
Tenemos a un niño que un día decide que nada vale la pena y se sube a un ciruelo para gritar a todo aquel que quiera oírlo que no hay que hacer nada pues nada vale lo suficiente la pena, ni tan siquiera esa vida que utilizamos en conseguir algo que seguramente no nos hará felices. En esta novela apenas hay adultos, el peso lo llevan los compañeros de clase, que deciden que han de demostrarle que si que hay cosas que valen la pena, aquellas que son importantes para uno hacen que la vida tenga sentido, para cada persona uno distinto pero sentido al fin y al cabo; deciden construir una montaña de cosas valiosas, cada uno de ellos deberá renunciar a uno de sus bienes más preciados para el bien del experimento… ¿las conclusiones? Serían fáciles si todo hubiera salido bien pero el azar y los adultos también intervienen y terminan creando problemas.
Un buen libro, ameno, reflexivo y muy interesante.
Llegaron las esperadas vacaciones... cuidarme el garito... vuelvo/mos el 25 de Junio...
El misantrop es una de las piezas más brillantes de Molière, y su protagonista sobresale entre todos los arquetipos humanos que pueblan la literatura dramática universal.
Alceste es un hombre tocado por una aversión profunda a todo lo que respira y se mueve a su alrededor, pero tiene la virtud de resistirse a cualquier interpretación unívoca: si por un lado es difícil no simpatizar con su crítica hilarante e implacable de la hipocresía, la mediocridad y la petulancia que lo rodean, por el otro cuesta pasar por alto sus debilidades y contradicciones, su condición de verdugo y de víctima a la vez. Sorprende comprobar cómo, aun habiendo sido escrita en el siglo XVII, El misantrop no ha perdido vigencia. De algún modo, la sociedad continúa ofreciendo motivos de sátira y ridiculización que encajan perfectamente con la divertida pieza de Molière.
Es precisamente con la voluntad decidida de subrayar su vigencia y modernidad que Georges Lavaudant ha revisado este clásico universal, y lo hace con una nueva dramaturgia, en la Sala Gran del TNC y con un equipo de pesos pesados de la escena catalana actual.
Un montaje depende tanto de la obra como de la visión del director sobre ésta, por tanto hay montajes muy fidedignos de la obra original hay otros que sólo tienen en común el título y poco más. En este caso el director, trabajando con una traducción de Sergi Belbel, ha seguido el texto pero ha confeccionado una escenografía y una interpretación actoral demasiado excéntrica y para mi, fuera de lugar.
Los actores no recitan ni interactuan, se gritan sin remedio en un escenario de gran negrura y sin apenas mobiliario. Los cambios de escena son acompañados por música tecno y luces estraboscopicas, además de algún personaje paseando como si desfilara por el escenario. Y todo es fruto de la dirección porque los actores, todos conocidos y de reputada solvencia, han demostrado que pueden actuar de otra manera.
En general me gustó pero creo que soy algo más clásica en cuanto a la escenografía y que ese modernismo ha hecho que la valoración de la obra y la representación se hayan visto mermadas.
Nunca he sido de aquellas personas que se enganchan a todas aquellas series que dan en la tele, que se graban sus capítulos y se guardan todo lo que se publica en la red (cuando no había gastaban horas de vhs para conseguirlo), aunque reconozco que si lo he hecho en tres series, lo de seguirlas digo, y curiosamente las dos eran series relacionadas con la medicina, ER (aquí conocida como Urgencias y maltratada por TVE), Hospital Central (vulgar imitación de la primera que me enganchó por algún motivo que no recuerdo y que después me permitió conocer a un montón de gente interesante) y la tercera, por pura curiosidad profesional, CSI en todas su versiones (aunque Grissom siempre fue mi preferido).
En mi entorno hay gente que sigue un montón de series (americanas) y que comentan día sí y día también lo que ha ocurrido en el episodio (seguido por internet pues lo más normal es que en España vayamos un par de temporadas más atrasados), así fue como me enteré de que había una serie, con capítulos de apenas 25 minutos protagonizada por unos científicos algo peculiares y una vecina que le ponía el punto terrenal... vi algún capítulo suelto (creo recordar que lo emitían en Antena Nova) pero ha sido desde hace un par de meses y gracias a un canal del satélite que me he enganchado irremediablemente a esta serie, emiten tres capítulos cada noche de temporadas anteriores (nuevas para mi) y el viernes uno nuevo de la temporada actual... he de reconocer que me río con sus ocurrencias, con sus pensamientos y con su manera de actuar frente a la vida, sabiendo que en realidad sería difícil sobrevivir con esta manera de ser... me distrae, me relaja... y si por ello me llaman friki... diré bien alto, sí, lo soy.
Por cierto la serie es The Big Bang (Theory) y para saber más puedes pinchar
aquí.
En los albores de la Gran Guerra, el teniente Anton Hofmiller recibe una invitación para acudir al castillo del magnate húngaro Lajos von Kekesfalva, cuya hija, que sufre parálisis crónica, se enamora del joven oficial. Hofmiller, que sólo siente compasión por la joven Edith, decidirá ocultar sus verdaderos sentimientos y le hará tener esperanzas en una pronta recuperación. Llega incluso a prometerse con ella, pero no reconoce su noviazgo en público.
Como un criminal en la oscuridad, Hofmiller se refugiará en la guerra, de donde regresará como un auténtico héroe.
La impaciencia del corazón-hasta ahora conocida entre nosotros como La piedad peligrosa-es sin duda uno de los mejores libros de Zweig, un sobrecogedor retrato de la insondable naturaleza humana que atrapará al lector desde la primera página.
La novela más larga de Zweig, más conocido por sus novelas cortas, nos muestra a un protagonista cobarde, que se mueve sólo por compasión, sin tener muy en cuenta como se pueda sentir la otra persona afectada. Por otra parte, Edith, esclaviza a todo aquel que tiene alrededor buscando su compañía y su ayuda aunque nunca admite que necesita esa compañía y ayuda. Los tratamientos realizados no funcionan y parece que la presencia del joven teniente es lo único que la ayuda un poco.
Cobardía, miedo al rechazo, no hablar de los problemas frontalmente, engañar con falsas promesas para conseguir algún resultado positivo sólo sirven para que todo el mundo salga perjudicado y nadie sepa ya a que atenerse.
Es una novela poco amable con personajes que odias y amas a partes iguales en el desarrollo de la historia, que se lee lentamente, quizás por el lenguaje usado aún así vale la pena no cejar en el intento y terminarla pues es una gran novela.