En esta novela, que el Washington Post consideró «uno de los mejores intentos contemporáneos de describir el infierno», la narradora, Anna Blume, que ha acudido al país de las últimas cosas en busca de su desaparecido hermano, describe en una larga carta ese lugar en el que la muerte ha reemplazado a los avatares y negocios de la vida, en el que florecen clínicas de eutanasia y clubs para el asesinato.
Y en este país devastado, donde todo lo que existe es posiblemente el último ejemplar de su especie, Anna deberá intentar sobrevivir.
Escrito en forma epistolar, a través de las palabras de Anna descubrimos el desolado mundo en el que se encuentra, lo que la rodea y la imposibilidad de volver a su lugar de origen.
Una ciudad devastada, con edificios en ruinas y una población que intenta sobrevivir de la manera que puede. El mercado negro es la única forma de conseguir lo más necesario. Los gobiernos apenas son estables y han perdido la cuenta de todos los nombres de aquellos que han pasado por la presidencia. La humanidad de muchos de sus habitantes ha desaparecido para aflorar su parte más bélica más guerrera y una lucha por conseguir las posesiones de los demás es la ley que impera.
En medio de este panorama aún existe algún oasis de amistad, de humanismo y de amor pero poco a poco también estos últimos vestigios también son engullidos por el horror y la destrucción.
Crítica feroz y visión apocalíptica de lo que puede ser un futuro próximo si continuamos con ciertas políticas y sin cambiar nada de nada en el mundo.
Muy interesante su lectura y un nuevo descubrimiento de este autor que tanto me gusta.

