Reclamos y peticiones


Reclamamos libros necesarios, libros que leer al día siguiente de un entierro, cuando has llorado tanto que ya no te quedan lágrimas, que ya no te mantienes en pie, calcinado como estás por el dolor; libros que aguarden ahí, atentos y pacientes como seres queridos, cuando has ordenado la habitación del hijo muerto, copiado sus escritos íntimos para que te acompañen durante la eternidad, respirando mil veces su ropa en el armario y cuando ya no resta nada por hacer; libros para las noches en que, pese al agotamiento, no puedes dormir y querrías simplemente liberarte de esas visiones obsesivas; libros que estén a la altura y que no abandones. [../..]

[../..]No necesitamos libros insignificantes, libros huecos, libros confeccionados para gustar.

No queremos libros escritos sin mimo, deprisa y corriendo: "Vamos, termine esto para julio, en septiembre se lo lanzo como es debido y vendemos cien mil ejemplares", "trato hecho".

Queremos libros escritos para nosotros que dudamos de todo, que lloramos por nada, que nos sobresaltamos ante el más mínimo ruido. 

Queremos libros que hayan costado mucho a su autor; libros en los que se hayan depositado sus años de trabajo, su dolor de espalda, sus crisis, su temor a veces a la idea de perderse, su desánimo, su valentía su angustia, su cabezonería y el riesgo que ha asumido de fracasar. 

Queremos libros espléndidos que nos sumerjan en el esplendor de la realidad y nos mantengan ahí; libros que nos demuestren que el amor obra en el mundo al lado del mal, muy cerca, a veces de forma indistinta. Y así continuará, igual que siempre. El dolor desgarrará corazones.

Queremos buenas novelas.

Queremos libros que no eludan nada de lo trágico de la condición humana ni de las maravillas cotidianas; libros que nos devuelvan el aire a los pulmones.

No queremos nada más.(pág. 277-278)

Foto: Bartra IV
Texto: La buena novela, Laurence Cossé, Ed. Impedimenta, 2012

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