
Los tiburones tienen la necesidad de mantenerse siempre activos, situados en la cúspide de la cadena alimenticia por la noche suben desde las profundidades hasta los arrecifes cercanos a la orilla en busca de alimento.
Tienen una diversidad de características físicas y sensoriales muy peculiares: no tienen esqueleto óseo, su estructura interior esta compuesta por completo por cartílagos, una característica que comparten con las rayas, componiendo una clase designada como elasmobranquios; esto los hace ser excepcionalmente fuertes y rápidos.
Estos animales también tienen mecanismos perceptores altamente activos. Aunque se cree que su vista es mala y que el momento en el que mejor ven es cuando la luz apenas se distingue (por ello, tal vez, su habito de alimentarse al amanecer y al oscurecer), tienen un agudo sentido del olfato; un tiburón es capaz de detectar una gota de sangre a gran distancia. Posee una aptitud muy desarrollada para oír y percibir vibraciones y pulsaciones en el agua, tanto a través de sus oídos, como a través de los denominados órganos huecos, que tiene dispersos por todo el cuerpo. Su característica sensorial mas particular es su capacidad para percibir hasta la mas mínima corriente electromagnética a través de unos receptores especiales, situados en la cabeza, que han sido nombrados como ampollas de Lorenzini (en honor a quien los descubrió). Estos receptores están colocados enfrente de la boca, que, a su vez esta en la parte inferior del cuerpo, y que el animal no puede ver.
También se caracterizan por su crecimiento lento, una madurez tardía y un bajo índice de reproducción. Eso hace que con una caza indiscriminada de 150.000 ejemplares al año sean una de las especies más amenazadas de nuestros óceanos.
Fotos: Dsdmona
