Te encontré, John


A VECES las letras y las palabras no lo son todo. Hay una curiosidad natural hacia el creador. A veces el conocimiento personal del autor nos decepciona. Otras, como ante John Irving, hay una gloriosa complicidad.
TE ENCONTRÉ, JOHN

Veo a John Irving --¡oh, es él!-- encima de una de esas cintas móviles que sirven para ir muy deprisa y no moverse del mismo sitio. No sé las horas que dedica a escribir, pero sus dos horas de gimnasia no se las quita nadie. Irving no es un hombre que corra. Al fin y al cabo sus novelas están cocidas a fuego lento. Más o menos como su vida, siempre en busca de algo, siempre en pos de algún origen. Me dijo mi hija menor: "Si no lloras viendo Las normas de la casa de la sidra es que no eres persona". Le agradezco a Irving esa capacidad de escribir obras del siglo XIX en pleno siglo XXI, cuando en el mundo de la narrativa ya nada se espera personalmente exaltante. Y esa capacidad de anteponer el sentimiento a la descripción o al análisis.
Este señor me recuerda a Martin Sheen remontando el Mekong en busca del coronel Kurtz. Vietnam está presente en su mirada. Suena por megafonía, y no por casualidad, aquella canción de los Beatles extraída del Sargento Peppers en la que Paul McCartney enumeraba lo que le sucedería --"When I'm 64"-- cuando llegara a los 64. Irving ya ha llegado, pero la canción le evoca a un amigo suyo, Richard, cuyo nombre se encuentra labrado en la larga piedra negra que recuerda en Washington a los soldados caídos en Vietnam. El tiempo pasa y John Irving lo mira con calma. "Cuando uno tiene hijos y nietos se vuelve menos importante. Me preocupaba la muerte a los 20, a los 30. Me preocuparía la muerte de los jóvenes. Pero ahora no pienso en esas cosas". Y corre que te corre, siempre con un pie en Vermont, ahí donde la nieve todavía no se ha fundido, y el otro pie en Europa, ahí donde ese hombre hubiera podido ser amigo o tal vez rival de Charles Dickens.
Hasta que te encuentre es el título de su última novela. Un kilo y 200 gramos en la edición de Tusquets. Un poco más en la edición catalana de 62. Un tatuaje en la cubierta y otros tatuajes en la piel de ese hombre que hasta los 48 años practicó la lucha grecorromana. Se permite una ironía consigo mismo: "Siempre pensé que escribir una historia de un actor mediocre que llegaba a gobernador de California y que luego era elegido como presidente de Estados Unidos era algo que nadie se iba a creer. Me equivoqué, porque Ronald Reagan fue reelegido. Pensé entonces que jamás EEUU volvería a tener un presidente peor que Reagan. De nuevo volví a equivocarme: hoy tenemos a Bush".
Irving forma parte de esa América buena que nos permite conservar alguna lejana esperanza en que vuelva a liderar una parte del mundo. En pocos días Bruce Springsteen y John Irving que han pasado por aquí a dejar el testimonio de sus obras. Son más valiosos cuanto más escasos. Viven en un país contradictorio y nos cuentan su vida personal: "No salgo mucho de casa. Me levanto para hacer el desayuno a mi hijo pequeño y a mi mujer. Tengo el gimnasio en casa y desde allí escribo. Hablo mucho con mi perro. Y, después de la cena, si hay suerte, tal vez algo de sexo". Pequeñas coqueterías de un creador de historias, demasiado universal para ser solo americano. Es, sin duda, uno de los nuestros. Joan Barril

No lo he podido evitar, este hombre me encanta y estoy deseando leer el último libro, 'Hasta que te encuentre'. Ya lo tengo en casa, ahora sólo falta que le llegue el turno. Os recomiendo cualquier libro de él pero sobretodo 'Una mujer difícil', del cual hicieron una adaptación al cine hace poco con Kim Basinger y Jef Bridges.

2 comentarios :

  1. hola guapa...pasaba a saludarte y mirar tu web que me gusta muchoooooo, te dejo el enlace mio a la de musica que tengo por si te gusta la de los ochenta y noventa.
    besitos y te enlazo.
    feliz finde

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