A 270 km/h


Hace ya algún tiempo dije aquí que me enamoré de los trenes en un viaje a Salamanca... antes de ese viaje yo ya tenía una relación especial con esos gigantes de hierro que van surcando las praderas, una de las única maneras que había de llegar al pueblo era en un tren que salía de la estación de Francia a media tarde y que a su lenta marcha recorría algún que otro desierto para llegar con las últimas luces del día a nuestro añorado destino.
No había que perder el norte, la parada era tan escasa que apenas había tiempo de bajar con las bolsas o maletas y dejar subir a los pocos osados que iban a disfrutar de lo que quedaba hasta la ciudad (para ellos la capital). Siempre saludabas a conocidos, a hijos de los vecinos que volvían de estudiar fuera, a los amigos que venían de la playa o simplemente conocidos del pueblo, todos preparados para lanzar los bultos en cuanto pasábamos la cuesta de Remigio, con una sonrisa en la boca por lo que aquella aventura representaba, tres meses de asueto y libertad, de sol y agua, de bicicletas y helados, de parchís y cartas, de tertulias alrdedor de un refresco, de saber que si no estabas en una esquina estaríamos en la siguiente... llamadas de teléfono cuando no existían los móviles desde la cabina del cruce para decir en pocas palabras que estábamos bien, que teníamos prisa que habíamos quedado (cuando ahora pienso que podrían esperar un poco más). No había autobuses que recorriera esos dos kilómetros, así que dependías de algún vecino, amigo, generoso que te acercara a ti y los bultos hasta la civilización.

Ese viaje era el más ansiado, el que me ponía más nerviosa y el que más me entristecía hacer cuando era en dirección contraria, allí aprendí a amar a los trenes (también los odié en otras cuando me alejaban de mis deseos), ahora los veo distinto aunque continúan acercándome a los lugares que más quiero. Desgraciadamente ir a 270 km/h hace que se desvanezcan los detalles, que muchos pueblos y ciudades hayan perdido la posibilidad de disfrutar de un tranquilo y cómodo viaje en pos de la modernidad. Continuaré amando a los trenes y escogiéndolos en primera opción pero sé que no será lo mismo que cuando yo me enamoré de ellos.

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Foto y vídeo: Dsdmona (móvil), Ave Barcelona-Zaragoza (21/08/09)

2 comentarios :

  1. A mi me encantan también los trenes.De hecho en cada viaje que hacemos Ana y yo,siempre solemos coger alguno,por ser casi siempre la mejor opción,y como dices por ver los paisajes,las gentes,todo lo que pasa...
    Ay!!esta postal tuya me ha traido muchos y buenos recuerdos...
    Gracias.
    Besos

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  2. Lo malo, mi querida Dsdmona, es que no han dejado alternativa. Estaban los Alvia o Altaria que hacían igualmente el recorrido Barcelona - Zaragoza. Más calmados, sí, más baratos y no tan rápidos. Para alguien, como yo, a la que también le gustan los trenes... era una opción muy válida y la disfrutaba. Ahora es Ave... o Ave. Una pena. Como lo de bajar a acompañar al viajante hasta el andén. Se acabó. Todo sea por la "seguridad". Hay cambios que...
    Un abrazo

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